Carlota Jiménez de Andrade, Voluntaria de la fundación LLORENTE & CUENCA

Según la definición de la RAE el adjetivo “equilibrado” es sinónimo de “ecuánime, sensato, prudente”. 

En un mundo en el que en algunos puntos se registran unos niveles de obesidad desorbitados, que reducen las cifras de esperanza de vida y disparan los gastos en salud; mientras que en otras partes, 795 millones de personas -uno de cada nueve- siguen acostándose con el estómago vacío cada noche o, lo que es peor, uno de cada tres sufre de alguna forma de desnutrición, el equilibrio se presenta como un gran reto de la cooperación internacional, muy alejado de acepciones como sensato o prudente.

La desnutrición es uno de los problemas de salud pública más graves, pero menos atendidos en todo el mundo. Para combatirla son necesarios gran cantidad de recursos humanos y económicos, y quienes más la padecen, son, precisamente, los que menos recursos económicos tienen y para quienes ser escuchados es un auténtico reto.

Lo que para nosotros es una acción tan sencilla como abrir la nevera o descolgar el teléfono para pedir comida, para miles de hombres y mujeres de todo el mundo conseguir alimentar a sus familias es una lucha diaria que, en muchas ocasiones, termina sin éxito.

Erradicar la desnutrición es, por tanto, uno de los grandes retos de nuestro tiempo. Y ha de estar entre nuestras prioridades, pues sus consecuencias no son únicamente el hambre, sufrimiento y mala salud, sino que también frenan el progreso del desarrollo, la educación y el empleo.

Pero, seamos optimistas. Se han logrado grandes avances en esta materia y hoy hay 216 millones menos de personas hambrientas que en 1990-92, a pesar de un aumento de 1.900 millones de la población mundial (según el informe El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA)).

En este sentido, iniciativas como la creación del centro nutricional en Banikoara, Benín, para recuperar a los niños con desnutrición grave y severa y enseñar a sus madres técnicas para que no vuelvan a enfermar, son parte del camino que debemos recorrer y en el que la Fundación LLORENTE & CUENCA tiene fijados sus objetivos.

Y es que, es responsabilidad de todos, gobiernos, ciudadanos, las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado unir fuerzas y recursos, y compartir ideas para conseguir el gran reto de alimentar equilibradamente al mundo.