El Día Mundial del Refugiado apoya y conmemora, la fuerza, valor y perseverancia de las familias que se han visto obligadas a huir de sus casas. Cada minuto, veinticuatro personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror.

Amaia Iturri Albizu, Voluntaria de la Fundación LLORENTE & CUENCA.

 

Hoy vengo a contaros que además del voluntariado corporativo – del que ya hablamos hace unos días en ¿El voluntariado nace o se hace? – , cada vez con más frecuencia hay personas que dedican sus vacaciones a visitar un campo. No un campo cualquiera, si no uno donde residen miles de personas que han tenido que huir de sus países de origen por el temor de la guerra, las mafias y la violencia.

Cuando fui voluntaria el año pasado en el campo de refugiados de Dunkerque, Francia, me sorprendió ver a muchas personas mayores de 60 años dedicando su fin de semana a hacer un voluntariado. En el campo había mucho trabajo por hacer, pero sobre todo, se habían levantado muchísimos cimientos –puestos de comida, lavanderías, ebanisterías, escuelas de formación e idiomas para niños y adultos- precarios, pero que gracias a voluntarios que dedicaban días, meses o años a este fin, la acogida de las personas que venían de Afganistán, Irán e Irak era un poco más digna y esperanzadora.

Partido de volleyball con refugiados afganos.

Partido de volleyball con refugiados afganos.

Tienda de alimentos donados.

Tienda de alimentos donados.

Unas cuantas voluntarias decidimos continuar lo que otras habían comenzado y sacamos adelante un centro de mujeres, ya que veíamos que no había un espacio para ellas en el que pudieran estar tranquilas, hablando, sin velo y con posibilidad de descansar la mente cocinando, discutiendo o simplemente disfrutando de un spa casero que las voluntarias les ofrecíamos. En esos 15 días fui peluquera, psicóloga, esteticista, enfermera, trabajadora social, leñadora, dependienta, vigilante de seguridad, limpiadora y mediadora familiar y profesora de yoga.

Centro de mujeres del campo de refugiados de Dunkerque.

Centro de mujeres del campo de refugiados de Dunkerque.

Interior del centro de mujeres del campo de refugiados de Dunkerque.

Interior del centro de mujeres del campo de refugiados de Dunkerque.

Clase de yoga para refugiadas y niños.

Clase de yoga para refugiadas y niños.

En esas 15 noches pude ver el miedo de las familias que se veían amenazadas por las mafias que había en el campo. Sí, aunque resulte increíble un voluntario también vive situaciones en las que se ve muy vulnerable y su propia vida puede estar en peligro. Por ello, muchas noches nos quedábamos con los más jóvenes, con nuestros coetáneos charlando y viendo que, en verdad, no había apenas diferencias entre nuestras culturas y vidas, algo que no dejaba de sorprenderme.

Dormíamos a 5 minutos andando del campo, pero mi duda siempre era si ellos conseguían dormir. La verdad es que no, gracias a esas sesiones de psicóloga pude averiguar que estas mujeres, la mayoría de ellas, junto con sus hijos y maridos, si habían sobrevivido, salían del campo a eso de las 00:00 con el objeto de subirse a un camión e intentar pasar la frontera. Cada mañana, en el centro de mujeres esperábamos las voluntarias inquietas, y veíamos como niños y mujeres entraban. El día que una mujer no entraba por la puerta del Woman Center, saltábamos de alegría, significaba que había conseguido pasar a U.K. Un lugar en el que decían que podrían hablar un idioma que conocen medianamente y sobre todo un país que tenía unas políticas de asilo que les convencían.

Con un grupo de mujeres y voluntarias en el Centro de Mujeres.

Con un grupo de mujeres y voluntarias en el Centro de Mujeres.

Con todo, dedicar unos pocos días de vacaciones a visitar un campo, una casa de acogida o simplemente un orfanato, puede cambiar tu verano, darle un sentido que nunca antes había tenido y sobre todo dejar una huella emocional en la persona que lo vive y en la que lo recibe, que no se paga con dinero. El valor de poder servir como corcho que contribuye a que esa piedra que intenta ahogarlos, la vida misma, no pueda con ellos, es enorme, valioso y significante. Estas fueron las mejores vacaciones en el campo, las más duras que he vivido nunca pero las más auténticas que nunca viviré.