Os presentamos a Sister Jacinta, una de esas mujeres con las que cuando te sientas a hablar no pasan las horas. Sister es muy consciente de que su país, India, está considerado como uno de los peores países del mundo para nacer mujer ya que como dice “aquí una mujer está menos valorada que una vaca y a la altura de un perro (más o menos)”.

Sin embargo, tiene muy claro que el papel de la mujer en su sociedad es fundamental y que una mujer en India puede llegar a ser todo lo que se proponga, aunque el camino para lograrlo sea mucho más complicado que el de un hombre. Confía, ciegamente, en las posibilidades de progreso a través de la educación.

Carlota Jiménez de Andrade es voluntaria de la Fundación LLORENTE & CUENCA y de la Fundación Esperanza y Alegría

Inés Gómez Pérez es voluntaria de la Fundación Esperanza y Alegría

Sister tiene 45 años y lleva los 13 últimos siendo la responsable del Hogar de acogida y educación “Madre Teresa” en Nazareth, una zona rural cercana a la ciudad de Tiruchirapalli, en uno de los proyectos de TMSSS en India. Gracias a la financiación que recibe de la Fundación Esperanza y Alegría, ella sola (aunque le ayuda en la cocina una de las madres de las niñas que llegó allí huyendo de los malos tratos de su marido), se encarga de la educación, cuidado y atención de las casi cincuenta niñas de la zona que, por ser huérfanas o por las condiciones económicas de sus familias, llegaron allí por no tener sus necesidades cubiertas en sus hogares: “muchos de ellos son tan pobres que en sus familias solo comían una vez al día. Aquí atendemos sus necesidades más básicas en cuanto a alimentación, vestido e higiene se refiere”.

Estas niñas son el centro de la vida de Sister y cuando le preguntamos que dónde se imagina en cinco años no titubea: aquí, mi sitio está aquí, con ellas”. Para estar mujer bandera no hay nada que le haga más feliz que ver cómo estas menores crecen desde su llegada al centro hasta que lo abandonan. “Normalmente llegan aquí sin considerar los estudios como algo importante y mi principal objetivo es que se den cuenta de que la única forma de llegar a ser alguien es formándose. Ese es mi deber y soy muy dura con los estudios. Pero sé que tiene un efecto en ellas, por ejemplo, hace poco visité a una de las chicas que tras pasar por el centro ha estudiado la carrera de enfermería” nos cuenta con esa mirada y sonrisa llenas de orgullo que solo una madre podría mostrar.

Sin embargo, esa sonrisa desaparece cuando le preguntamos por el puesto actual de la joven enfermera: “está casada, tiene dos hijos y tiene que quedarse en casa… ¿De qué sirve entonces que estudien durante tres años una carrera si luego no lo ponen en práctica? Solo estudian para tener un diploma y eso es una auténtica pérdida, Así es, se trata de una verdadera pérdida en todos los sentidos: pérdida de tiempo de las niñas, una pérdida de dinero de sus familias y una pérdida de recursos para el país, uno de los  principales motores de la economía global.

Para Sister, esta injusta situación surge de lo que considera que es al mismo tiempo el problema y la solución: la educación. “Necesitamos una educación que ponga fin a todas las costumbres patriarcales que limitan la autonomía de la mujer y acabar con el sistema educativo actual que lo alimenta”. Hoy por hoy, muchas familias en India ven más útil y necesario que una mujer sea ágil realizando las tareas domésticas para que pueda atender correctamente a su marido antes que recibir una educación integral.

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Y es que, en India una mujer que no tenga un hombre al lado nunca será una mujer completa ante los ojos de la sociedad. Pero olvídate de casarte por amor o con quien tú elijas; los matrimonios concertados en la India son una realidad. “A mí nunca me ha gustado eso del matrimonio, desde niña lo tenía claro. Esa fue una de las razones por las que decidí ser Sister, para poder tomar yo mis propias decisiones”.

En prácticamente la totalidad de los casos, las mujeres en India, una vez que contraen matrimonio, automáticamente dejan atrás su futuro profesional. Por esta razón, y a pesar del aumento del porcentaje de alfabetización entre las mujeres indias –la educación está garantizada de manera gratuita hasta los 14 años, aunque debe mejorar el acceso de las chicas a la educación secundaria y universitaria–, según la Organización Mundial del Trabajo, solo el 27% de las mujeres indias ocupan un puesto de trabajo formallos maridos no les dejan, no creen que su mujer pueda hacer algo y no se fían de que salgan de casa porque se creen que si les dejan salir se irán con otros”.

Sin embargo, paradójicamente, en muchos casos son precisamente las mujeres quienes tienen que sacar adelante a sus familias, y al no tener acceso a trabajos cualificados que no se consideran adecuados para ellas, deben conformarse con los puestos con peores sueldos y mayor inseguridad.

Cuando le preguntamos sobre cómo podemos colaborar desde España la respuesta es rotunda: “empoderando a las mujeres”. Por un lado, aprovechando la visita de voluntarias como nosotras para mostrarles cuál es la situación de la mujer en otras zonas del mundo, lo que no deben permitir y hacer hincapié en la necesidad de estudiar y el sinfín de  posibilidades que tienen en su futuro. Y, por otro lado, con microcréditos y proyectos que creen puestos de trabajo aquí para ellas, como los que ya se están desarrollando desde TMSSS.

Como diría la escritora Edith Wharton “hay dos maneras de difundir la luz: siendo la vela o siendo el espejo que la refleja”. Sin duda alguna esta mujer, desde su pequeño rincón en Nazareth, ajena a Internet o a las Redes Sociales y centrada únicamente en sacar a sus niñas adelante a través de la educación, es la vela. Seamos su espejo.

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