La situación de la mujer sin recursos en Venezuela

Laura Méndez Blanco es Voluntaria de la Fundación LLORENTE & CUENCA

Los problemas de pobreza y educación tienen cada día un efecto más y más profundo que se entierra en las raíces de las nuevas generaciones latinoamericanas. El continente tiene una preocupante tasa de embarazos infantiles que compite con algunos países africanos y que se incrementa a pasos agigantados con los años.

Slum zone in Caracas city, Venezuela capital

Slum zone in Caracas city, Venezuela capital

Entre los primeros de la lista se encuentran Venezuela, Brasil, Nicaragua, Bolivia entre otros. Sin embargo, no es solo un problema monetario, sino un problema coyuntural de las culturas machistas y marginales creadas al margen del sistema e incrementadas por la falta de educación.

En Venezuela, por ejemplo, los embarazos infantiles ocurren en su mayoría a niñas de 12 años, y cada hora nace un niño de una madre menor de 15 años en dicho país. El porqué de esta situación es difícil de explicar, sobre todo si no se entiende el contexto en el cual se desenvuelven estas niñas:

Estas niñas viven en entornos de pobreza donde se entiende como algo positivo que la menor pueda tener una relación con hombres mayores que ella. La familia lo interpreta como la oportunidad de que la niña forme su propia familia y ya no tengan que hacerse cargo económicamente de ella, además de “haberse realizado como mujer”. Además de esto, se suma el desconocimiento de los métodos anticonceptivos, una carencia importante de Educación Sexual por parte del Estado y, por ende, en los colegios públicos.

Quizás la razón más alarmante sea que estas jóvenes se quieran quedar embarazadas para escapar la violencia intrafamiliar, dato que ha arrojado el Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Asimismo, muchos de los casos de estos embarazos son violaciones por parte de algún familiar, conocido, o allegado a la familia.

Niños criando niños, abuelas con edad para ser madres primerizas y padres que no se hacen responsables por aquel embarazo. El hacinamiento empieza a jugar un papel relevante en este tipo de situaciones, por ejemplo: seis hermanos compartiendo una habitación con su madre y el novio de turno.

"El Yaque, Margaritta Island, Venezuela - May 17, 2004: Five children playing in the home yard of a remote village of Venezuela."

“El Yaque, Margaritta Island, Venezuela – May 17, 2004: Five children playing in the home yard of a remote village of Venezuela.”

¿Cómo es la calidad de vida que le espera a esta joven familia?

En la Venezuela actual hace falta seis años de salario mínimo para darle a un bebé todo lo que necesita en su crecimiento: comida, ropa, medicinas, higiene, etc. La escasez de alimentos, de medicinas, la reaparición de enfermedades antiguamente erradicadas como paludismo, fiebre tifoidea o cólera; y la falta de vacunas dejan a la vista un problema de salud pública preocupante. En el país, al menos 40 neonatos mueren diariamente por falta de insumos básicos, incluso hay madres que deben dar a luz en medio de los pasillos de los hospitales porque no hay espacio y no hay implementos, o electricidad.

Entonces, la infancia se pierde porque no hay un futuro claro, no hay un Estado ni una sociedad que provea a estas niñas de sueños alcanzables, ni valores tangibles, y mucho menos de seguridad para perseguir sus metas –y es que no tienen–. Existen madres preocupadas porque sus hijas de 14 años aún no han quedado embarazadas ¿es esa la preocupación que ellas deberían tener? ¿Por qué no alientan a sus hijas a continuar sus estudios y proveerse un futuro por sí mismas? Porque ellas tampoco han recibido ese aliento, la vida en pobreza se vive día a día, no hay un futuro lejano, se trata del hoy. A todo esto se suma la concepción de que estas mujeres necesitan de una figura masculina que provea ayuda económica en casa. Un futuro dejado en las manos de un extraño, en parte construido en la desesperanza de no ver más allá, de no entender que hay un “más allá”.

Debemos rescatar los sueños de todos los niños, debemos apoyar la educación y las oportunidades, en especial la Educación Sexual. Es nuestro deber que las niñas del mundo sepan que pueden alcanzar las metas que se propongan, con herramientas tangibles y el conocimiento adecuado.

¿Te atreverías a luchar por esto?