Qué buen titular para comenzar mi colaboración con la Fundación LLORENTE & CUENCA, de la que tengo el honor de ser patrono.

Alejandro Romero es Patrono y Voluntario de la Fundación LLORENTE & CUENCA.

¿Por qué empezar así? Más allá del reto que me puso encima de la mesa mi colega Carlota, ser un cabrón social debería de ser un deber y sobre esto quiero reflexionar.

De las definiciones de cabrón, dice el Diccionario de Oxford que es un mamífero rumiante ovino, macho, de cuerpo esbelto, pelo fuerte y áspero, cabeza estrecha, con una barba estrecha en la mandíbula inferior, y cola corta; es muy ágil y veloz, y trepa con facilidad por terrenos escarpados. A esta no me refiero la verdad, me gusta más la definición usada en mi querido México, donde de forma coloquial, cabrón significa persona que provoca admiración por ser muy hábil en alguna materia. Por eso sostengo que ser un cabrón social debería de ser un deber.

Desde nuestra Fundación queremos ser muy hábiles en impactar socialmente y contribuir a generar una mejor sociedad, haciendo lo que mejor sabemos hacer: comunicar eficazmente. El impacto social debe concebirse como un instrumento para incidir sobre las causas de la pobreza, para reducir la exclusión y la discriminación social y lograr una mejor sociedad.

Para esto y para que una actuación o iniciativa responda efectivamente a este reto, debe cumplir ciertos criterios mínimos que aseguren un desarrollo coherente y completo del proceso. Si destacara las claves que he aprendido en este tiempo destacaría las siguientes:

1. La imprescindible creatividad.

El impacto social debe incorporar técnicas de creatividad. La aplicación de herramientas novedosas será clave para la generación de nuevas ideas qué a su vez, generen nuevas soluciones a problemas cada vez más complejos.

2. Escuchar a la comunidad.

Cuando una organización o persona opta por poner el foco en lo social, debe comprender que la óptica desde la que debe observar no es la suya, sino la del colectivo al que quiere beneficiar. Es importante considerar la opinión de las personas sobre la realidad a cambiar, contemplando a todos los actores implicados en los procesos o problemas a resolver. Es necesario valorar el punto de vista de los colectivos afectados, y conocer sus necesidades, pues así será más sencillo poder atenderlas de forma acertada, garantizando un mayor impacto, no solo sobre el público meta, sino también sobre su entorno más cercano.

3. La sostenibilidad económica.

Ante soluciones tradicionales, se debe primar la relación del coste/beneficio, asegurando la sostenibilidad para la comunidad o la administración que la desarrolla. Para ello es necesario considerar diversas fuentes de financiación, y siempre contemplar posibles fuentes de financiación alternativas.

4. Iniciativa debe de ser convertible en política pública.

Igualmente un proceso de impacto social ha de contemplar siempre la posibilidad de generar incidencia como para convertirse en política pública, al ser reconocida como buena práctica o experiencia a replicar por parte de la misma administración.

5. La escalabilidad.

Tampoco podemos olvidar la escalabilidad que debe acompañar a una iniciativa social, para así facilitar su réplica en otros entornos. De esta forma, cualquier experiencia exitosa puede contemplarse como buena práctica, y ser adaptada y reproducida en otros contextos haciendo uso del conocimiento como herramienta para potenciar el impacto social positivo buscado.

6. La colectividad por encima del individuo.

Los procesos individuales generan más fácilmente desigualdad, mientras que los colectivos pueden favorecer beneficios también colectivos y satisfacer necesidades sociales urgentes.

Enfocar la mirada hacia el cambio social supone arriesgar y enfrentarse a un futuro incierto. Pero al mismo tiempo, cuando buscamos la solución a problemas sociales de un modo distinto, rompiendo con modelos que sabemos no han funcionado, y haciendo uso de enfoques más holísticos, estamos más cerca de conseguir un mundo mejor y más justo para todos y todas.

Desde nuestra Fundación, enmarcamos todos nuestros proyectos en  dos tipos programas: “DreamTellers” y “Comunication Makers”, ambos destinados a colaborar con otras fundaciones y asociaciones que generan un alto impacto social. Toda esta labor es posible gracias a que una gran parte de los 500 profesionales de nuestra firma somos voluntarios de la Fundación donando parte de nuestras horas de trabajo a potenciar proyectos de alto impacto social. Por eso estoy orgulloso de ser un cabrón social, cómo digo, debería de ser nuestro deber.

¿A qué esperas?