Hoy, hace 29 años que se declaró el Día Mundial de la Lucha contra el Sida. Mucho se ha avanzado desde entonces, desde que la sociedad desconocía la diferencia entre VIH y Sida, desde que se creía que no se podían tocar a las personas que pudieran estar enfermas, o desde que se estigmatizaba a todos los que fueran portadores.

Aunque las cifras son a veces alarmantes, por ejemplo, son 36,7 millones de personas en el mundo padecen de Sida, un 30% de las personas con VIH no saben que son portadores, las mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años de edad son especialmente vulnerables al VIH y que, aproximadamente cada semana 7.500 de ellas contraen por primera vez la infección (2015), según datos de la UNESCO; hoy, más que nunca, es posible mejorar la calidad de vida de todos los enfermos y que ellos tengan una vida plenamente digna.

Sin embargo, en los países en vías de desarrollo la tarea se hace más compleja. Por ello, es nuestra labor colaborar para una mejora en la educación sexual de todos los jóvenes (otro colectivo con mayor índice de vulnerabilidad), así como el apoyo para llevar a todas partes del mundo el tratamiento para todos aquellos que padecen esta enfermedad. Apenas el 53% de los adultos reciben algún tipo de tratamiento y solo el 43% de los niños tienen acceso a antirretrovirales.

Las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud declaran como un derecho universal el derecho a la salud, sigamos en la lucha para que este derecho se haga realidad en todos los rincones del planeta.