Cristina Baeza ha escrito este texto y es voluntaria de la Fundación LLORENTE & CUENCA.

 

Andrea quiere viajar…

Andrea Ruano nació en Extremadura, pero vive en Salamanca. Cuando acabe su beca dentro de unos meses le gustaría marcharse a vivir a Madrid, o a algún lugar Europa, o incluso más lejos… si su salud se lo permite. Soñadora de nacimiento, artista y modelo de profesión, Andrea ha vivido desde los 15 años con algo que al principio los médicos insistían en llamar “Sarcoma de Ewing”. No entendía por qué eran tan reacios a llamarlo por su nombre: cáncer. El mismo que había tenido su abuela, y el que se la había llevado. Pero ella lo tuvo claro desde el primer momento: iba a salir de aquello, costara lo que costara. Nunca se planteó otra alternativa.

Hoy, diez años después y en ocasión del Día Mundial Contra el Cáncer, comparte con el mundo lo que la acompañó y aún la acompaña durante años de ingresos, tratamientos, operaciones y rehabilitación: el arte.

En realidad, Andrea empezó a pintar a los 14 meses (su madre aún guarda alguna foto de aquella niña embadurnada de pintura y de sonrisa feliz). Pero poco sabía entonces que, mucho tiempo después, una libreta negra, una Moleskine, iba a cambiar de forma tan drástica la forma en la que afrontaría algunos de los años más duros de su vida. Como tampoco sabía, cuando empezó, que con sus dibujos, sus retratos y sus reflexiones en esa pequeña libreta estaba siguiendo la pista de artistas, pintores y escultores alrededor del mundo, que durante décadas han encontrado en estos cuadernos, horas y páginas de trabajo e inspiración.

Para Andrea dibujar fue una terapia, una forma de aprender a navegar por la experiencia. Descubrió que podía llevar su Moleskine a cualquier parte y dibujar lo que sentía. Hoy nos cuenta que si estas fotos y estos dibujos pueden ayudar a tan solo una persona a saber que de esto se puede salir, que hay esperanza, habrá sido el trabajo de toda una vida. De hecho, lo es: la Fundación Villalar de Castilla y León le ha ofrecido una beca por “Piel y Huesos”, un proyecto que recoge diez años de dibujos y fotografías en Moleskine que pronto se convertirá en una exposición. Una obra basada en piezas a lápiz, a boli, en fotografías en blanco y negro que no solo expresan sus mejores y peores momentos durante la enfermedad, sino que pretenden normalizar lo que ya forma parte de su historia: el cáncer y las huellas que ha dejado. “Fotografío todo mi cuerpo. Y lo fotografío con mis cicatrices porque forman parte de él; forman parte de mí”.

Andrea quiere lanzar un mensaje a todos los que están pasando por lo mismo: “Dibuja, canta, escribe, haz algo que te apasione. Y sobre todo, ten paciencia. De todo esto te quedas con lo bueno y te olvidas de lo malo”. Y a los que no, nos pide: “Si ves a alguien con el pelo rapado, no sientas lástima. No somos ‘pobrecitos’. No te quedes mirando fijamente. Hay que empezar a normalizar la situación”.

Se define como cabezota, fuerte y positiva. Hoy suena muy optimista con el futuro, aunque aún está esperando la fecha de la próxima operación, fruto de las secuelas de la enfermedad. “No te avisan de los daños colaterales, como yo les llamo. Eso es lo más frustrante. Hace tiempo que me curé, pero aún me queda mucho para olvidarme de los médicos”.

Dentro de 10 años se ve trabajando en el mundo del arte, con más o menos dinero, quién sabe, eso no le importa. Sobretodo se imagina sana, viviendo y siendo libre, sin médicos en el horizonte. Sin hospitales. Sin dolores al caminar. Viajando.