Luz María Mejia y Guillermo Tejada, voluntarios de la Fundación LLORENTE & CUENCA en Panamá

Las sociedades han ido evolucionando y superando algunos temas que eran normalizados por la legislación o por las costumbres. La esclavitud, la negación del voto a la mujer, el holocausto judío, el apartheid, entre otros; son momentos de la historia en los que la raza humana estuvo en sus horas más bajas a causa de la Discriminación, que no es más que el trato diferente y perjudicial, a veces con odio, que se le da a una persona o grupo de personas por cualquier motivo, como raza, credo, ideas políticas, orientación sexual, identidad de género, nacionalidad, etc.

Hoy en día vivimos la era de la digitalización no solo de los contenidos, sino también de las relaciones humanas. Cada vez más las personas interactuamos las unas con las otras a través del internet, utilizando plataformas digitales de conversación como emails, chats, mensajes directos y, desde luego, las redes sociales.

En ocasiones, lo que pasa en la vida real trasciende a la esfera digital, y en las redes, también se discrimina. El Ciberacoso es acosar a una persona o grupo de personas y/o divulgar información confidencial o falsa en canales digitales. Al igual que el acoso persona a persona, es repetitivo e intencional, causando los mismos efectos de angustia emocional, depresión, riesgo de suicidio, trastornos de ansiedad, problemas de autoestima, reacciones agresivas, surgimiento de nuevos acosadores, etc.

El Ciberacoso ya es sancionado y penalizado en varios países de Latinoamérica, sin embargo, aún existen muchas áreas grises que dan cabida a los oportunistas del anonimato que viven en la impunidad escudándose detrás de sus pantallas y utilizándolas como refugio para atacar a cualquiera sin censura.

Teniendo en cuenta que el 01 de marzo se celebra el Día de la Cero Discriminación, es pertinente reflexionar sobre qué podemos hacer, desde nuestra experiencia, conocimiento, área de influencia y plataformas digitales para luchar en contra de esta amenaza latente a la sociedad.

El ecosistema del Ciberacoso tiene tres partes: el acosador, el acosado y el testigo. Al acosador, ese personaje impune, podemos vigilarlo de cerca, sin dejar que sus acciones nos afecten, pero estando alerta al momento en que su comportamiento se pueda volver peligroso.

Por otra parte, cabe señalar que el comportamiento del acoso dice más del acosador que del acosado. Por ello, aunque resulte difícil, el acosado debe tratar de ser empático con aquella persona que le está agrediendo virtualmente. Lo más probable es que él o ella también esté sufriendo algún tipo de acoso. Eso sí, el acosado siempre debe buscar ayuda u orientación, ya que es la única manera de romper con un ciclo vicioso que ya tiene muchas víctimas en su haber.

En contraprestación, el testigo debe usar las herramientas que tienen las redes sociales para denunciar estos comportamientos; no solo porque es un deber, sino porque todos tenemos derecho de contar con un espacio virtual más acogedor y tolerante. Es nuestra responsabilidad denunciar a quien altera esta convivencia digital. ¡No se vale quedarse callado!

Los que estamos detrás de las computadoras, celulares o tablets seguimos siendo personas con metas, inseguridades y hasta miedos. Si no somos capaces de empatizar con el mundo cibernético, es probable que tampoco lo estemos haciendo con las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Desde Panamá, donde en la actualidad se vive un intenso debate sobre si las parejas del mismo sexo tienen derecho o no al matrimonio, existen canales digitales que están tratando de fomentar en la población conceptos clave como la inclusión, la importancia de la educación sexual y la tolerancia. Uno de ellos, es Estos Dos Manes (IG: @estosdosmanes; YouTube: Estos Dos Manes; FB: @estosdosmanes) que de a poco, pero de manera muy segura, han empezado generar contenidos y a ganar espacios de discusión sobre la No Discriminación en una sociedad donde esta agenda es relativamente nueva y que aún tiene muchos matices religiosos y lagunas legales.

Para terminar, es pertinente reflexionar sobre algunas interrogantes que pueden ayudarnos a poner en perspectiva nuestra acción y reacción, frente a la Discriminación. ¿Alguna vez nos han discriminado y no nos hemos dado cuenta? O peor aún, ¿hemos discriminado a alguien sin querer o queriendo? ¿Sabemos reconocer la Discriminación a simple vista? ¿Estamos dispuestos a actuar para prevenirla o pararla?