“A mí nadie me enseñó a coser. Aprendí sola, de niña, viendo a mi madre. Cuando se quedó viuda, tuvo que poner taller en casa. Hacía encargos para El Bebe Inglés, una tienda de ropa para niños en Gran Vía, cerca de Callao. Hacía forros de abrigos y canastillas para el Rey de Marruecos. Así íbamos tirando”.

Juan Carlos Burgos, voluntario de la Fundación LLORENTE & CUENCA y Project Leader del Proyecto Moliner

 

A poco que te pares a hablar con una persona mayor, en dos minutos te va a contar una historia tan fascinante como esta, absolutamente real. No todas las novelas de García Márquez tienen un arranque tan potente. Ahora que las empresas, los partidos políticos, los equipos de fútbol y hasta la tuna de Agrónomos hablan de la importancia de tener un buen relato, nos olvidamos de que quienes mejor cuentan historias son las personas mayores. Y que además lo hacen con la máxima precisión léxica y expresiva.

Este proyecto va de esa capacidad de contar cosas que las personas mayores traen de serie. El realismo mágico les sale solo, y además con una fluidez y unas palabras todavía más apasionantes. Todos sabemos que los Buendía han sido unos zascandiles, y que Rosario la Bella siempre ha salido escamondada de casa, sobre todo cuando le daba por volar.

Este proyecto no va solo de recuperar palabras. Hay un problema más. A las personas mayores cada vez les resulta más difícil encontrar a alguien a quien contarle sus historias. Cada vez están y viven más solas. Lo sobrellevan con una dignidad y un optimismo admirables, claro, porque saben expresarse y la ilusión es lo último que se pierde. A saber qué les pasa por la cabeza cuando abren la puerta de casa e invariablemente se sonríen.

Así que el problema de no hacerles caso, evidentemente, es nuestro. Nos olvidamos de la más rica y la mejor red social que tenemos a nuestro alcance. Ahí están los Amigos de los Mayores para recordárnoslo. Os animamos a conocerles y a practicar con ellos la mejor gimnasia mental posible: hablar y conocer a personas mayores.

En chino, a la gente común se le llama căogēn, hojitas de hierba, “No soy ni una bella flor ni un árbol enorme; apenas una insignificante hojita de hierba”, dice una de sus canciones más populares. En inglés, grassroots tiene el mismo significado, y Whitman hablaba más o menos de lo mismo, vete a saber por qué. Quizá porque lo cotidiano es lo que nos une a la tierra y nos hace vivir. Y eso, quien mejor lo sabe es quien lo ha vivido ya (y de paso lo cuenta como nadie). Para aprenderlo tan solo nos hace falta saber escuchar. Y escucharles. ¿Empezamos?