Cada 23 de abril, Barcelona y toda Cataluña se llena de rosas, espigas y libros para celebrar la que es una de las tradiciones catalanas más bonitas y especiales del año, la Diada de Sant Jordi. Desde primera hora de la mañana, centenares de personas recorren las calles de la ciudad con la intención de comprar rosas y libros para sus familiares, parejas y amigos, como símbolo del amor y afecto que sienten por ellos.

 

Ivet Moreno, voluntaria de la Fundación LLORENTE & CUENCA en Barcelona

 

Sin embargo, al mismo tiempo, existe una realidad paralela menos alegre y más sombría. Y es que más de 175.000 personas mayores padecen soledad no deseada en Cataluña, causada por la pérdida de un ser querido, una enfermedad o la pérdida de movilidad. De ello son conscientes la Asociación “Amics de la Gent Gran, una organización de voluntariado que trabaja para luchar contra la soledad y mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Por ello, cada año impulsan la campaña “Rosas contra el olvido”, en la que, gracias a la venta de rosas solidarias de fieltro y tela, entre otras actividades, la entidad desea sensibilizar y movilizar a la sociedad contra la soledad y la marginación social de los más mayores.

Antes de cruzarme con la labor de esta asociación, desde siempre he sentido una especial predilección por este colectivo, en especial, por su sabiduría y experiencia e incluso vitalidad que los hace tan singulares pese al paso de los años. Por ese motivo, decidí que la festividad de Sant Jordi era un magnifico día para involucrar al resto del equipo en un proyecto bonito y humanitario. Gracias a “Amics de la Gent Gran” pudimos sumarnos a la campaña y aportar nuestro granito de arena entregando una rosa solidaria a todos los compañeros de la oficina para dar a conocer la campaña y acompañando a personas mayores durante toda una tarde.

Un total de 13 voluntarios nos desplazamos hasta la Residencia Betania para vivir una tarde especial y muy divertida. Dirigidos por Teresa, voluntaria de “Amics de la Gent Gran”, realizamos un breve recorrido para conocer las instalaciones de la residencia hasta llegar a un gran comedor donde más de 40 residentes, tranquilamente aposentados en sus sillas, dirigían sus miradas expectantes hacia el portón de la sala, donde nosotros esperábamos las indicaciones de una fantástica educadora social que coordinaría toda la actividad.

Inmediatamente al poner un pie en la sala, no cesaron las habaneras, las jotas y un sinfín de canciones populares que nos hicieron bailar y animar a bailar con nosotros a todas las personas mayores que allí se encontraban.

Risas, palmas al compás de la música e infinidad de historias de vida inundaron la sala durante toda la tarde hasta llegar al momento que muchos llevaban horas esperando: recibir la rosa de Sant Jordi. Repartidos por cada uno de los pisos, ayudamos a la asociación a repartir rosas naturales a todas las personas de la residencia para no dejar a nadie sin la bonita flor roja que caracteriza la tradición.

 

Sin duda, una experiencia bonita y gratificante que nos enseña que…

Con un pequeño gesto (y un ratito de nuestro tiempo), podemos hacer grandes cosas.