Hoy, 14 de junio, Día Mundial del Donante, quiero lanzaros una pregunta: ¿Quién no salvaría una vida si tuviera la oportunidad de hacerlo? La pregunta no necesita respuesta.

Durante mis años de universidad fui voluntaria de varias iniciativas. Sin embargo, la que con más cariño recuerdo es el grupo Dona Médula Granada, de la Fundación Josep Carreras contra la leucemia.

Una tarde, por casualidad y mientras hacía tiempo en el vestíbulo de mi facultad, me quedé leyendo un folleto sobre la acción de la fundación mientras una voluntaria los colocaba con esmero. Como tenía tiempo, le pregunté en qué consistía la acción que realizaban. En 10 minutos, Patricia ya me había explicado cómo funcionaban y estábamos intercambiándonos nuestros teléfonos para vernos esa misma semana y hablar más tranquilamente.

Cuando llegó el viernes y entré en el café en el que habíamos quedado, Patricia llevaba ya rato esperándome. Tras explicarme detalladamente en qué consistía su trabajo, lo que más me sobrecogió fue la sorpresa en su cara por haberle escuchado e interesarme en la iniciativa. Sin embargo, la sorprendida era yo. No conseguía entender que les faltasen voluntarios para una causa tan importante, y es que la leucemia es uno de los tipos de cáncer más letales y agresivos. Por desgracia, también es uno de los más presentes entre la población infantil.

A partir de ese momento, Patricia me indicó cómo podía colaborar. Hacían falta manos para todo: desde distribuir folletos informativos hasta lo más importante – donar médula. El trasplante de médula ósea es la única esperanza para muchos afectados de leucemia y otras enfermedades de la sangre, y consiste en sustituir las células enfermas del paciente por células sanas de un donante. Mi casuística personal me impedía hacerme donante de médula. Sin embargo, aporté mi grano de arena en todo lo que pude, y puedo decir que fue una de las experiencias más gratificantes  que he experimentado.

Por eso hoy os animo a haceros donantes. No importa la modalidad por la que optéis ya que, en definitiva, seréis donantes de vida. Y aunque muy probablemente nunca conoceréis a la persona que estará al otro lado, siempre tendréis la certeza de que estará inmensamente agradecida.

Rosa Alonso, autora de la carta y voluntaria de Fundación 
LLORENTE & CUENCA.