Todas las culturas, de un modo u otro, reflejan
necesidades humanas comunes.

Bronislaw Malinowski

Katmandú, 21 de octubre del 2017

Rajiv trabaja en un establecimiento de intercambio de divisas en pleno centro de
Katmandú. Su local es muy pequeño, pero al margen de su mostrador de trabajo
tiene un sofá a cada lado de la tienda y su puerta está siempre abierta. Nos recibe
muy serio y con su tika (punto rojo) en la frente, pues el país acaba de celebrar
su fiesta más entrañable e icónica: el dashain.
Nosotros, un grupo de trotamundos al más puro estilo “guiri”, estamos recién
llegados a Nepal y, aparte de cambiar nuestras divisas, lo que deseamos en este
momento es disponer de Internet para poder avisar a nuestros familiares de que
estamos bien y acomodados en el país. Así es como, sin darle ninguna explicación,
e intuyéndolo de nuestras palabras, tras realizar la gestión monetaria, Rajiv nos
ofrece su wifi y nos configura la red en cada uno de nuestros dispositivos móviles
-¡incluso antes de haber intercambiado dinero!-. Nos ofrece asiento, nos pone el
ventilador para que no pasemos calor y se sienta a conversar con nosotros.
Nos explica su festividad, el dashain, que ha tenido lugar justo durante la semana
anterior y nos cuenta, con todo detalle, cómo es ese día de la “bendición de
hermanos y hermanas”. Explica que su tradición es regalarse collares de flores y
pintarse el tika (el punto rojo en la frente, el cual significa respeto). Se interesa
por nosotros, por si se trata de nuestra primera vez en Nepal, por si nos está
gustando el país, la gente… Le explicamos que venimos por un proyecto solidario
y le falta tiempo para pedirnos consejo con un problema de visión y confiar en
nuestra profesionalidad casi a ciegas. Hablamos, además, sobre nuestras vidas y
costumbres, nuestras festividades, nuestras formas de viajar…
Le prometemos volver en nuestra segunda temporada en Katmandú para ayudarle,
y desde aquél día se convierte en nuestro vecino conocido. Nos vamos para volver,
pero contentos de que, en una simple “transacción comercial”, hayamos compartido
nuestros proyectos de vida. Hemos aprendido, ya en un día, parte de lo que hace
a Nepal tan especial. Aunque nuestros caminos se separen y probablemente no nos
veamos nunca más, ese encuentro y a Rajiv, le llevaremos siempre en el corazón.

Lo que aprendí 

  • Dar sin esperar nada a cambio.
    Compartir la visión de la vida, contrastar las costumbres y proyectos,
    como dinámica de vida.
  • Abrirse a intercambiar impresiones y proyectos con alguien muy diferente
    a quien estamos acostumbrados nos enriquece y nos hace aprender.