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Natalia Merino, voluntaria de la Fundación LLORENTE & CUENCA.

Una oportunidad y una experiencia que suma. Eso fue el programa de Becas 360º de la Fundación LLORENTE & CUENCA que vivieron cinco alumnos con mucho potencial. Y eso fue el programa en el que esta servidora tuvo la suerte de colaborar, junto a otros 14 voluntarios de LLORENTE & CUENCA.

 

El cometido de los alumnos era ofrecer un plan de comunicación a la Fundación Juan XIII Roncalli, atendiendo a sus necesidades. Esta fundación trata de mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual, fomentando su autonomía y desarrollando el Centro Especial de Empleo que inauguraron en 1988. Las sesiones de formación de nuestros compañeros profesionales en diferentes áreas de la comunicación y la inmersión en las instalaciones de la fundación, ayudaron a los cinco jóvenes a mojarse, antes de tirarse a la piscina.

Cada cual mantenía un perfil muy diferente al de sus colegas. Con variedad de conocimientos y diversos roles, este equipo se enfrentó y superó preciosos retos y objetivos. Personalmente, yo me quedo con ello. Con la experiencia de haber vivido desde dentro cómo cinco jóvenes se esforzaban por formarse, entenderse, coordinarse y exprimirse bajo tiempos limitados. María Deschamps, María Imaz, Miguel Merino, Omar Franco y Ramón Linares lograron llamar nuestra atención y que nos identificáramos con ellos, viendo cómo afloraban ambición, creatividad, esfuerzo y diversión al mismo tiempo.

Evidentemente, este programa salió adelante gracias a los voluntarios Luis Guerricagoitia, Raquel Astibia, Paloma Olarieta, Marta Albertini, Bárbara Martínez de Irujo, Luis González, Carlota Jiménez de Andrade, Irati Isturitz, Giulia Pelluci, Vanessa Rodríguez, Alejandro Parilli y Julio Alonso, entre otros. Su compromiso y trabajo en equipo allanó y empujó el proyecto de los alumnos, además de enriquecer al propio grupo de voluntarios. Por otro lado, merecen mención especial tanto Amaia Iturri (responsable de la Fundación LLORENTE & CUENCA) como Cristina Baeza (Project Leader), de las que tanto he podido aprender a lo largo de los casi tres meses que duró el programa piloto de Becas 360º.

De verdad, este tipo de experiencias ayuda a desarrollar una empatía imposible de alcanzar sin conocer diferentes realidades y puntos de vista. No sobraron momentos de discusión y agonía, pero, menos aún sobraron los momentos de alegría. Tendríais que haber visto las caras de sorpresa y gratitud de los empleados de la Fundación Juan XXIII Roncalli, en cuanto vieron el resultado final del trabajo de estos jóvenes. Eso sí que fue un chute de energía en toda regla.

Sin que suene a tópico, dejadme decir que soy una afortunada por haber sido partícipe y colaboradora de este proyecto. Esta salida de la cotidianeidad y este sentimiento de aporte a las personas con discapacidad y a los jóvenes quasiempleados fue realmente satisfactorio.